La cueva de las Güixas, un archivo natural que revela 10.000 años de historia pirenaica

Huesca, 1 de agosto de 2026 – La geóloga Reyes Giménez ha puesto en valor la cueva de las Güixas, en Villanúa, como un excepcional laboratorio natural capaz de desentrañar la evolución geológica del Pirineo y la presencia humana en el valle desde las últimas glaciaciones. Un descubrimiento que, según sus palabras, ‘mucho más’ que un atractivo turístico.

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La cueva, una surgencia hidrotermal de gran actividad, funciona como una trampa natural donde los sedimentos y restos arqueológicos quedan protegidos de la erosión. Esta característica, junto con la intensa actividad hidrológica –que alcanza los 2.800 metros de altitud en el macizo de Collarada–, permite estudiar el funcionamiento del agua subterránea, la formación de la cavidad y los riesgos asociados a las inundaciones.

Giménez subraya que las sucesivas glaciaciones transformaron el valle, condicionando la evolución de la cueva y dejando un registro geológico que, gracias a la actividad hidrológica actual, sigue revelando detalles cruciales. La cueva conserva mejor la información porque los sedimentos y los restos arqueológicos quedan enterrados y protegidos frente a la erosiión, lo que ha permitido documentar en las Güixas las primeras evidencias conocidas de ocupación humana tras las últimas glaciaciones, en el calcolítico.

La investigadora destaca que cada especialista que acude a la cueva descubre nuevos elementos, a menudo pasados por alto, como diminutos animales exclusivos de ese ecosistema subterráneo. La configuraciòn de la cueva, según Giménez, es sorprendentemente similar a la que tenía durante la prehistoria, aunque la actividad hidrica ha decorado la cueva de nuevos minerales y ha modificado progresivamente algunas de sus entradas.

Entre los hallazgos de mayor interés se encuentran aquellos relacionados con la presencia humana, una relación que aún genera muchas preguntas. La geóloga enfatiza que proteger las Güixas es imprescindible, incluso sin grandes pinturas rupestres, porque representa un laboratorio natural para comprender la geología, la hidrología y la biodiversidad del Pirineo, y porque los descubrimientos científicos del futuro podrían encontrarse precisamente en esos detalles que aún permanecen ocultos bajo tierra. El recorrido turístico, de 1.100 metros de recorrido y 67 metros de desnivel, permite adentrarse en un paisaje subterráneo modelado durante miles de años por el agua, con galerías como la sala de la Catedral, de 16 metros de altura, o la Chimenea, con un derrumbe que abre la cavidad a la luz. El nivel inferior alberga un río subterráneo conectado con el río Aragones y el superior conserva antiguas galerías fésiles que fueron ocupadas por los primeros habitantes del valle.

La cueva de las Güixas, en definitiva, no es solo un destino turístico; es un archivo vivo que guarda la memoria geológica y humana de un territorio en constante transformación.